Por Jorge Capelán, Radio La Primerísima, Tortilla con Sal.
El sábado,
Rusia y China vetaron el proyecto de resolución sobre Siria en el Consejo de
Seguridad de la ONU. Las dos grandes potencias del BRICs aprendieron la lección
de Libia y esta vez se negaron a patrocinar pasivamente otra intervención
militar de la OTAN. Con ello dieron al traste con el mundo unipolar.
Para el analista
político Thierry Meyssan, este veto "sella el fin de un período de las
relaciones internacionales que comenzó con el desmoronamiento de la Unión
Soviética y que ha estado marcado por una dominación sin precedentes de los
Estados Unidos sobre el resto del mundo".
La
respuesta de los Estados Unidos ha sido amenazante:
"Ante la
neutralización del Consejo de Seguridad, hemos de redoblar nuestros esfuerzos
fuera de las Naciones Unidas junto con los aliados y socios que apoyan el
derecho del pueblo sirio a tener un futuro mejor", dijo Clinton en Bulgaria, en
su primera reacción a la frustración del sábado.
El sentido de las
declaraciones de la Secretaria de Estado es evidente: Los EE.UU. buscarán cómo
llevar adelante su
gran guerra en el Medio Oriente al margen de las Naciones Unidas - algo
fácil de decir, pero menos fácil de hacer.
De "indecentes y
casi histéricas" calificó el jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, ese
tipo de declaraciones de la Clinton y de otros líderes occidentales. Según los
diplomáticos rusos, el proyecto de resolución sobre Siria presentado por
Marruecos pero manufacturado por la OTAN en el Consejo de Seguridad "es
unilateral", ya que no llama a todas las partes del conflicto a cesar la
violencia.
"Es
lamentable que países copatrocinadores del proyecto de resolución
presionaron por la votación cuando las partes estaban todavía muy divididas
sobre la cuestión, lo que no ayuda a mantener la unidad y la autoridad del
Consejo de Seguridad, o a resolver el problema", dijo por su parte El vocero de
la cancillería china, Liu Weimin.
En estos
momentos, amigos desde Europa nos informan que los estrategas del imperio lamen
sus heridas con una conferencia en Washington conducida nada más ni nada menos
que por el ex asesor de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski con los
representantes del Departamento de Estado, el Senado, el Banco Mundial, el FMI y
el Consejo de Seguridad Nacional para discutir, entre otras cosas, el tema de
Irán y el control sobre la Internet. La "gobernanza global" está en serio
peligro.
Los Estados
Unidos ladran mucho, veremos qué hacen, ya que varios signos evidencian la
debilidad de su posición.
Primero: Irán ha
ensanchado su retirada del uso, tanto de dólares como de euros. Está hablando
con India sobre cómo conducir el comercio de petróleo en oro. Con Rusia, China y
otros países asiáticos, ya comercia en otras divisas que las occidentales. El
embargo petrolero de la Unión Europea contra Irán será el último clavo en el ataúd del euro (y el fin de la propia
Unión). Difícil que los Estados Unidos sigan gozando del mismo servilismo
europeo de siempre en el futuro.
Segundo: El eje
Teherán-Damasco-Beirut-Hamás sale fortalecido, mientras que el eje
EE.UU-Israel-Arabia Saudí muestra sus grietas, entre otras cosas, por una hábil
política China de negocio a tres bandas con Irán, Arabia Saudita e Israel. Las relaciones
comerciales entre China e y la entidad sionista alcanzan un pico histórico.
Israel quiere que los chinos les financien una vía para exportar su gas y su
petróleo a China, una patada en el hígado para EE.UU. y una muestra de la
ansiedad israelí por la salud de sus benefactores occidentales. Al mismo tiempo,
China mantiene firmemente su apoyo a un estado palestino, a Irán y a la no
intervención en Siria.
Tercero: El 2 de
febrero, el gobierno egipcio prohibió salir del país al director del
Instituto Republicano Internacional (IRI) y a varios cuadros de ONGs tóxicas
"promotoras de la democracia" como el IDI y la Freedom House, en un acto de
ingratitud supina de parte del segundo receptor mundial de ayuda militar
estadounidense. Aparentemente, los generales egipcios están reaccionando ante la
presión popular que les exige más independencia del amo imperial. Este fin de
semana anunciaron que juzgarían a los espías. La
respuesta de la Clinton fue la de amenazar con cortar la ayuda, valorada en
unos 1.300 millones de dólares anuales. El Ministro de Relaciones Exteriores
egipcio, Mohamed Amr, no comió cuentos y escuetamente respondió diciendo que el
gobierno de su país no puede interferir en la labor del poder judicial.
Mientras tanto,
en Caracas tuvo lugar una reunión histórica, en la que los mandatarios del ALBA
acordaron importantes pasos concretos hacia la independencia de América Latina y
el Caribe y la integración económica y política de sus países: Sanciones a Gran
Bretaña por su indecencia en Las Malvinas; demanda de integración de Cuba y
Puerto Rico a la Cumbre de Las Américas o boicot a la reunión de Obama; puesta
en marcha del Consejo de Defensa del ALBA; creación de un espacio económico del
bloque y avances en la incorporación de nuevos miembros fueron algunas de las
medidas más importantes.
El presidente
Daniel Ortega puso sobre la mesa, entre otras importantes iniciativas, el tema
de un canal interoceánico por Nicaragua.
La crisis avanza.
Para el analista Thierry Meyssan, "el fracaso del Consejo de Cooperación del
Golfo y de la OTAN (en forzar una intervención contra Siria) ha puesto en
evidencia una correlación de fuerzas que muchos suponían pero que nadie podía
verificar: los occidentales ganaron la guerra mediática pero tuvieron que
renunciar a la guerra militar. Para parafrasear a Mao Zedong, se han convertido
en tigres virtuales".
Parece que ese es
el caso en lo que tiene que ver con Siria. Pero veremos qué pasa con Irán o con
cualquiera de los otros puntos del planeta que tienen marcados en sus mapas los
planificadores del imperio.
Son momentos para
actuar con audacia, pero también con mucha mente fría. Desde hace décadas los
Estados Unidos tienen planes para mantener su hegemonía a como dé lugar; el
problema es que no tienen cómo lograrlo aunque, desgraciadamente, sí tengan
demasiadas armas para hacerlo.
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Las estimaciones ofrecidas por expertos de la Academia de Ciencias de Rusia indican que el actual período de grave inestabilidad debería terminar aproximadamente en 2017-2019 con una crisis. La crisis no será tan profunda como las del 2008-2009 ó 2011-2012 y marcará la transición hacia una economía construida sobre la base de nuevas tecnologías. La recuperación económica durante el 2016-2020 implicará serios cambios en el equilibrio mundial de poder y graves conflictos político-militares involucrando a los pesos pesados mundiales y a los países en desarrollo. Los epicentros de los conflictos estarán ubicado en el Medio Oriente y en Asia Central post soviética.
El siglo de dominación político-militar global y de supremacía económica de EEUU parece estar a punto de concluir. EEUU no pasó la prueba de la unipolaridad y, desangrado por los permanentes conflictos en el Medio Oriente, carece en la actualidad de los recursos que se requieren para retener el liderazgo global.
La multipolaridad implica una distribución mucho más justa de la riqueza en todo el mundo y una profunda transformación de las instituciones internacionales como la ONU, FMI, el Banco Mundial, etc. En la actualidad, el consenso de Washington parece irreversiblemente muerto y la agenda global debe estar encabezada por la tarea de construir una economía con niveles de incertidumbre mucho menores, unas normas financieras más estrictas y una mayor justicia en la distribución de los ingresos y beneficios económicos.
Los centros del desarrollo económico están derivando desde Occidente –que cuenta con la revolución industrial entre sus principales logros—hacia el continente asiático. China y la India deben prepararse para una carrera económica sin precedentes en este proceso en el contexto de una mayor competencia entre las economías que emplean el capitalismo de Estado y los modelos tradicionales de democracia. China y la India, los países más poblados del mundo, definirán el sentido y el ritmo del desarrollo en el futuro, pero la principal batalla por la supremacía global se definirá entre EEUU y China estando en juego la elección del modelo post industrial y socio-económico del siglo XXI.
La pregunta que surge en este contexto es ¿cómo reaccionará Estados Unidos frente a la transición?
Hay que tener en cuenta que cualquier estrategia de EEUU parte de la premisa que la pérdida de la supremacía mundial es inaceptable para el país. El vínculo entre el liderazgo y la prosperidad del siglo XXI es un axioma para las elites de EUU, independientemente de los detalles políticos.
Los modelos matemáticos de la dinámica geopolítica global llegan a la conclusión que una victoria a gran escala, en una guerra llevada a cabo por medios convencionales, sería la única opción para que los EEUU revirtieran el rápido colapso de su status geopolítico.
Es un secreto a voces que, en ocasiones, los métodos no militares de empujar a los rivales fuera del escenario –como en el caso de la Unión Soviética—también funcionan y las tecnologías correspondientes están permanentemente siendo perfeccionadas en Estados Unidos. Por otro lado, hasta ahora países como China o Irán se demuestran evidentemente inmunes a la manipulación externa. Si la actual dinámica geopolítica persiste, el cambio en el liderazgo global se podría esperar para el 2025 y la única manera que Estados Unidos puede hacer descarrilar el proceso sería desatando una guerra a gran escala.
El país que enfrenta una inminente pérdida de liderazgo no tiene otra opción que golpear primero y eso es lo que Washington ha estado haciendo los últimos quince años. La táctica específica de EEUU es elegir como blanco no a un país candidato alternativo para la supremacía geopolítica, sino a países que parecen propicios en el momento. Al atacar a Yugoslavia, Afganistán e Irak, Estados Unidos trató de manejar problemas regionales relativamente menores o puramente económicos, pero una caza mayor claramente requeriría de un blanco más significativo. Los analistas militares sostienen que Irán, Siria y los grupos Shiíes, tales como el Hezbolá en Líbano enfrentarían el mayor peligro de ser golpeados en nombre de una nueva redistribución global.
Es un hecho que la redistribución está en marcha. La primavera árabe producida y manejada por Washington creó las condiciones apropiadas para unir al mundo musulmán dentro de un único califato. El plan de EEUU es que esta nueva formación ayudará a la menguada superpotencia a mantener su control sobre los recursos energéticos clave en el mundo y proteger sus intereses en Asia y África. Sin duda, el reto que hace que EEUU recurra a este nuevo tipo de arreglo es el creciente poderío de China.
Deshacerse de Irán y Siria, que interfieren en el camino de la dominación global de EEUU, sería el próximo paso natural de Washington. Los intentos por derribar al régimen iraní por medio de incitar los disturbios civiles fracasaron estrepitosamente y los analistas militares sospechan que un escenario intervencionista parecido a aquellos implementados para lidiar con Irak y Afganistán es lo que eventualmente le espera a Irán. El plan tiene serias posibilidades de materializarse aunque hoy en día hasta el retiro de Irak y Afganistán plantea a Estados Unidos considerables problemas.
La implementación del proyecto Gran Oriente Medio junto con causar un sensible daño a la posición de Rusia y China –sería el premio mayor que Estados Unidos espera ganar al plantear una guerra a gran escala. Este designio fue ampliamente conocido en Estados Unidos luego de la publicación en el Armed Forces Journal del famoso mapa de Peters. La motivación que asomaba detrás del artificio es la de forzar a Rusia y China a salir de la región mediterránea y del Medio Oriente, cerrarle el paso a Rusia en el Cáucaso Sur y Asia Central y desconectar a China de sus más importantes proveedores energéticos.
La materialización del plan Gran Oriente Medio podría arruinar las perspectivas rusas de un desarrollo pacífico y estable ya que un Cáucaso Sur controlado por Estados Unidos sería inestable y estaría proyectando ondas de choque a través del Cáucaso Norte. Dado que, obviamente, la agitación sería detonada por las fuerzas del fundamentalismo musulmán, las regiones de mayoría musulmana de Rusia serían con seguridad afectadas.
EEUU es incapaz de sostener el Consenso de Washington por más tiempo confiando en instrumentos políticos y económicos. Jemin Jibao, de China, pintó el cuadro con toda claridad cuando escribió que EEUU se convirtió en un parásito global que imprime ilimitadas cantidades de dólares, los exporta para pagar sus importaciones y de ese modo comprar el lujoso nivel de vida de los estadounidenses, mediante el robo al resto del mundo. El primer ministro ruso [Putin] expresó una opinión similar durante su visita a China el 17 de noviembre de 2011.
Por el momento China está presionado fuertemente para limitar la esfera de circulación del dólar. La porción de la divisa estadounidense en las reservas de China está disminuyendo y en el mes de abril de 2011 el Banco Central de China anunció un plan para salir por completo del dólar norteamericano en las transacciones internacionales. Obviamente, el golpe a la dominación del dólar norteamericano no quedará sin respuesta. Del mismo modo, Irán está tratando de reducir la porción de dólares en sus transacciones: una bolsa petrolera iraní abierta el mes de julio del 2011 acepta sólo euros o la divisa iraní en sus transacciones. Irán y China están negociando el suministro de productos chinos a cambio de petróleo iraní que, entre otras cosas, haría posible dirigir el intercambio comercial eludiendo las sanciones impuestas contra Irán. El líder iraní sostuvo que el volumen comercial con China debería alcanzar la suma de 100.000 millones de dólares y que esto dejaría sin sentido los planes estadounidenses de aislar a Irán.
Los esfuerzos de EEUU por socavar la estabilidad en el Oriente Medio pueden en parte atribuirse a reconocer que la reconstrucción de las devastadas infraestructuras de la región necesitarán de masivas inyecciones de dólares, cosa que produciría una revitalización de la economía estadounidense. En el 2011 la estrategia de EEUU para preservar su liderazgo mundial comenzó a traducirse en políticas basadas en su poderío [militar] ya que Washington considera imprescindible el movimiento de dólares, incluso su depreciación, como una de las posibles soluciones al problema de la crisis. Una guerra a gran escala podría en realidad servir a este propósito. En consecuencia, el ganador podría imponer sus propias condiciones al resto del mundo, como se hizo cuando se implantó el sistema de Bretton Woods el año 1944. Y Washington está dispuesto a una guerra de este tipo para continuar dirigiendo el mundo.
¿Puede Irán, con el apoyo necesario, poner fin a la expansión universal de EEUU? Esta cuestión se abordará en otro artículo.
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¿Por qué EE.UU. necesita una gran guerra?
Por Víctor Burbaki | CEPRID | 4 febrero del 2012
Por el momento nos encontramos en medio de una turbulenta fase del ciclo evolutivo global que comenzó en la década de los 80 y se cree que terminará a mediados del siglo XXI. En este proceso Estados Unidos claramente perderá su condición de superpotencia.Las estimaciones ofrecidas por expertos de la Academia de Ciencias de Rusia indican que el actual período de grave inestabilidad debería terminar aproximadamente en 2017-2019 con una crisis. La crisis no será tan profunda como las del 2008-2009 ó 2011-2012 y marcará la transición hacia una economía construida sobre la base de nuevas tecnologías. La recuperación económica durante el 2016-2020 implicará serios cambios en el equilibrio mundial de poder y graves conflictos político-militares involucrando a los pesos pesados mundiales y a los países en desarrollo. Los epicentros de los conflictos estarán ubicado en el Medio Oriente y en Asia Central post soviética.
El siglo de dominación político-militar global y de supremacía económica de EEUU parece estar a punto de concluir. EEUU no pasó la prueba de la unipolaridad y, desangrado por los permanentes conflictos en el Medio Oriente, carece en la actualidad de los recursos que se requieren para retener el liderazgo global.
La multipolaridad implica una distribución mucho más justa de la riqueza en todo el mundo y una profunda transformación de las instituciones internacionales como la ONU, FMI, el Banco Mundial, etc. En la actualidad, el consenso de Washington parece irreversiblemente muerto y la agenda global debe estar encabezada por la tarea de construir una economía con niveles de incertidumbre mucho menores, unas normas financieras más estrictas y una mayor justicia en la distribución de los ingresos y beneficios económicos.
Los centros del desarrollo económico están derivando desde Occidente –que cuenta con la revolución industrial entre sus principales logros—hacia el continente asiático. China y la India deben prepararse para una carrera económica sin precedentes en este proceso en el contexto de una mayor competencia entre las economías que emplean el capitalismo de Estado y los modelos tradicionales de democracia. China y la India, los países más poblados del mundo, definirán el sentido y el ritmo del desarrollo en el futuro, pero la principal batalla por la supremacía global se definirá entre EEUU y China estando en juego la elección del modelo post industrial y socio-económico del siglo XXI.
La pregunta que surge en este contexto es ¿cómo reaccionará Estados Unidos frente a la transición?
Hay que tener en cuenta que cualquier estrategia de EEUU parte de la premisa que la pérdida de la supremacía mundial es inaceptable para el país. El vínculo entre el liderazgo y la prosperidad del siglo XXI es un axioma para las elites de EUU, independientemente de los detalles políticos.
Los modelos matemáticos de la dinámica geopolítica global llegan a la conclusión que una victoria a gran escala, en una guerra llevada a cabo por medios convencionales, sería la única opción para que los EEUU revirtieran el rápido colapso de su status geopolítico.
Es un secreto a voces que, en ocasiones, los métodos no militares de empujar a los rivales fuera del escenario –como en el caso de la Unión Soviética—también funcionan y las tecnologías correspondientes están permanentemente siendo perfeccionadas en Estados Unidos. Por otro lado, hasta ahora países como China o Irán se demuestran evidentemente inmunes a la manipulación externa. Si la actual dinámica geopolítica persiste, el cambio en el liderazgo global se podría esperar para el 2025 y la única manera que Estados Unidos puede hacer descarrilar el proceso sería desatando una guerra a gran escala.
El país que enfrenta una inminente pérdida de liderazgo no tiene otra opción que golpear primero y eso es lo que Washington ha estado haciendo los últimos quince años. La táctica específica de EEUU es elegir como blanco no a un país candidato alternativo para la supremacía geopolítica, sino a países que parecen propicios en el momento. Al atacar a Yugoslavia, Afganistán e Irak, Estados Unidos trató de manejar problemas regionales relativamente menores o puramente económicos, pero una caza mayor claramente requeriría de un blanco más significativo. Los analistas militares sostienen que Irán, Siria y los grupos Shiíes, tales como el Hezbolá en Líbano enfrentarían el mayor peligro de ser golpeados en nombre de una nueva redistribución global.
Es un hecho que la redistribución está en marcha. La primavera árabe producida y manejada por Washington creó las condiciones apropiadas para unir al mundo musulmán dentro de un único califato. El plan de EEUU es que esta nueva formación ayudará a la menguada superpotencia a mantener su control sobre los recursos energéticos clave en el mundo y proteger sus intereses en Asia y África. Sin duda, el reto que hace que EEUU recurra a este nuevo tipo de arreglo es el creciente poderío de China.
Deshacerse de Irán y Siria, que interfieren en el camino de la dominación global de EEUU, sería el próximo paso natural de Washington. Los intentos por derribar al régimen iraní por medio de incitar los disturbios civiles fracasaron estrepitosamente y los analistas militares sospechan que un escenario intervencionista parecido a aquellos implementados para lidiar con Irak y Afganistán es lo que eventualmente le espera a Irán. El plan tiene serias posibilidades de materializarse aunque hoy en día hasta el retiro de Irak y Afganistán plantea a Estados Unidos considerables problemas.
La implementación del proyecto Gran Oriente Medio junto con causar un sensible daño a la posición de Rusia y China –sería el premio mayor que Estados Unidos espera ganar al plantear una guerra a gran escala. Este designio fue ampliamente conocido en Estados Unidos luego de la publicación en el Armed Forces Journal del famoso mapa de Peters. La motivación que asomaba detrás del artificio es la de forzar a Rusia y China a salir de la región mediterránea y del Medio Oriente, cerrarle el paso a Rusia en el Cáucaso Sur y Asia Central y desconectar a China de sus más importantes proveedores energéticos.
La materialización del plan Gran Oriente Medio podría arruinar las perspectivas rusas de un desarrollo pacífico y estable ya que un Cáucaso Sur controlado por Estados Unidos sería inestable y estaría proyectando ondas de choque a través del Cáucaso Norte. Dado que, obviamente, la agitación sería detonada por las fuerzas del fundamentalismo musulmán, las regiones de mayoría musulmana de Rusia serían con seguridad afectadas.
EEUU es incapaz de sostener el Consenso de Washington por más tiempo confiando en instrumentos políticos y económicos. Jemin Jibao, de China, pintó el cuadro con toda claridad cuando escribió que EEUU se convirtió en un parásito global que imprime ilimitadas cantidades de dólares, los exporta para pagar sus importaciones y de ese modo comprar el lujoso nivel de vida de los estadounidenses, mediante el robo al resto del mundo. El primer ministro ruso [Putin] expresó una opinión similar durante su visita a China el 17 de noviembre de 2011.
Por el momento China está presionado fuertemente para limitar la esfera de circulación del dólar. La porción de la divisa estadounidense en las reservas de China está disminuyendo y en el mes de abril de 2011 el Banco Central de China anunció un plan para salir por completo del dólar norteamericano en las transacciones internacionales. Obviamente, el golpe a la dominación del dólar norteamericano no quedará sin respuesta. Del mismo modo, Irán está tratando de reducir la porción de dólares en sus transacciones: una bolsa petrolera iraní abierta el mes de julio del 2011 acepta sólo euros o la divisa iraní en sus transacciones. Irán y China están negociando el suministro de productos chinos a cambio de petróleo iraní que, entre otras cosas, haría posible dirigir el intercambio comercial eludiendo las sanciones impuestas contra Irán. El líder iraní sostuvo que el volumen comercial con China debería alcanzar la suma de 100.000 millones de dólares y que esto dejaría sin sentido los planes estadounidenses de aislar a Irán.
Los esfuerzos de EEUU por socavar la estabilidad en el Oriente Medio pueden en parte atribuirse a reconocer que la reconstrucción de las devastadas infraestructuras de la región necesitarán de masivas inyecciones de dólares, cosa que produciría una revitalización de la economía estadounidense. En el 2011 la estrategia de EEUU para preservar su liderazgo mundial comenzó a traducirse en políticas basadas en su poderío [militar] ya que Washington considera imprescindible el movimiento de dólares, incluso su depreciación, como una de las posibles soluciones al problema de la crisis. Una guerra a gran escala podría en realidad servir a este propósito. En consecuencia, el ganador podría imponer sus propias condiciones al resto del mundo, como se hizo cuando se implantó el sistema de Bretton Woods el año 1944. Y Washington está dispuesto a una guerra de este tipo para continuar dirigiendo el mundo.
¿Puede Irán, con el apoyo necesario, poner fin a la expansión universal de EEUU? Esta cuestión se abordará en otro artículo.
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