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jueves, 27 de octubre de 2016

Honduras: Otra historia de injerencia malhadada (a Lisa, en memoria)

Criterio.hn / Octubre 26,2016.
Por: Rodolfo Pastor Fasquelle
La historia (investigación del pasado) nunca  plantea el argumento contrafactual. Por amplio consenso, sus practicantes pensamos que, además de una pérdida de tiempo, esa operación supone que las causas son únicas y lineales en vez de entender que son complejas y de desarrollo furtivo, de modo que apenas las atisbamos como tales. 

Pero se puede usar lo contrafactual como anzuelo de la curiosidad. ¿Qué hubiera pasado? ¿Cómo hubiera cambiado la historia si por ejemplo, en vez de subordinarse al dictado de la Embajada injerencista en Viera, el Partido Liberal, el PAC y LIBRE hubiesen elegido en 2014 una directiva del Congreso independiente, propia? Era por supuesto, lo mas lógico.

 Mel les ofreció sus votos. En las elecciones generales muy cuestionadas de 2013, una mayoría de los partidos no había tenido representación en el Tribunal Supremo Electoral, ni en el Registro de las Personas que emitía los documentos. Aun así, los opositores electos que representaban, con variantes, una voluntad ciudadana alterna,  contraria a los dictados y al programa del Partido Nacional, eran una mayoría absoluta. Aun no reñían entre ellos y todavía no se disolvían sus ánimos bajo el embate de la manipulación y la corrupción, perdiendo diputados sinvergüenzas a favor de pirujas bancaditas y partidos inventados, que desarticularon a la oposición después. Los partidos opositores tenían un acuerdo casi firmado para integrar una oposición concertada desde el Congreso cuando, por solicitud del partido del poder (siempre es así),  fueron llamados a la Embajada en Viera. En una serie de reuniones incomodas –ahí- fueron presionados para desistir de articularse mediante una Junta Directiva opositora y para renunciar al mandato que les habían dado sus votantes, de contener el mando univoco del Ejecutivo. No es un tema sentimental, la soberanía. (Es funcional.) Cosas peores han hecho antes, con la misma obsesión los gringos. Y no es personal, la hegemonía, pero dirigía Viera –entonces- la etnóloga Lisa Kubiske, que nunca entendió a Honduras. ¿Cuáles eran los argumentos de la gringa?  

Abiertamente, se adelantó la idea cachureca de que el que había recibido el mandato para administrar el país era el Partido Nacional. (Eso soslayaba las protestas contra el fraude, del que había infinidad de evidencias, pero ya era un asunto consumado y hasta bendecido por la embajadora.) Y se argumentó que un Congreso en manos de la oposición debilitaría al poder público en una coyuntura en que más bien se precisaba fortalecerlo o imposibilitaría a la administración. Implícitamente, la cocora era la inestabilidad. ¿Se anticipó que –después- ese congreso iba a ser el encargado de elegir a una nueva Corte Suprema así como a los fiscales y a las distintas autoridades contraloras, que podían convertirse en algo más que piedras en el zapato de Juan? ¿Ponerlo en jaque? Se habrá dicho de otro modo. Eso era inconveniente. Honduras necesitaba estabilidad para concentrarse en sus problemas inminentes. Esa es y ha sido siempre la tesis de la politología estadounidense en CA. Desde los albores del siglo XX. Estabilidad contra institucionalidad. 

Por encima de todo no está la divinidad, como creen los fieles, ni el derecho, como dicen los idealistas, ni menos la democracia y la libertad, como pregona la propaganda, si no la  estabilidad. Con pocas contrainstancias, la diplomacia estadounidense actuó en consecuencia contra la integración y la Unión en 1907, golpe y dictadura y otra vez en 1911, contra la reivindicación patriótica de los recursos concesionados en 1917. Contra la Unión y la república en 1921, dictadura militar. En aras de la estabilidad solapó masacres en 1932. Dio la espalda a la democracia, en 1936, cuando se ya se avecinaba la Segunda Guerra, y legitimó a las dictaduras que ofrecían estabilidad. Estabilidad contra las manifestaciones, ametralladas en 1944. En 1954, estabilidad y golpes de estado para mantenernos en el lado y campo correcto de la Guerra Fría. El Embajador Burrows aplaudió el golpe de 1963 contra el peligro del comunismo que recorría las Américas, como un fantasma. Se fortaleció a las dictaduras militares en los setentas. Y se impulsó el retorno a la democracia representativa para conseguir estabilidad con los partidos tradicionales contra los proyectos revolucionarios en los albores de los ochentas. Y ahora otra vez, estabilidad, con Lobo y con JOH. The only game in town Asi los Estados Unidos -que nada tenían que ver- pedían a sus amigos –entonces todos- que le concedieran al Partido Nacional sus votos o su consentimiento para formar, aun siendo minoría, su Directiva propia. Por sus frutos los conoceréis. Esa directiva del Partido Nacional pronto negará la palabra a los opositores, y los ridiculizará y horas después organizará sistemáticamente desde sus bunkers oscuros, la compra venta sistemática de diputados, no digamos conciencias porque no tienen, opositores investigados a profundidad, identificados con su vulnerabilidad, y con dinero cash por supuesto, depositado de manera segura, sin notificación a la DEI o con favores, contratos ilegales … a cada quien según su moralidad o falta de. Un asco. Una calamidad. Desastre. Solo hay que ver hoy a Juan Tony paseándose entre sus compañeritos.

 Con ese congreso degradado, el Partido de gobierno se encargaría en efecto de nombrar una nueva Corte a su medida, con pequeñas concesiones al escrutinio público, de nombrar a fiscales aun cuestionados y a contralores de su predilección y bajo su dominio. Se perdería todo sentido de límite y de equilibrio. En una dictadura virtual. De su hechura, del gringo. ¿Previsible? Claro.

 Y uno se pregunta primero ¿por qué se sometieron los liberales?  No tenia ninguna legitimidad la exigencia, ninguna lógica. Eran una minoría los cachos. La democracia se rige con mayorías. El consenso funcional era cuestión de madurez. La misma oposición tendría que madurar para cogobernar el parlamento. La directiva opositora en El Congreso iba a ser -ella misma- una escuela, iba a conseguir por primera vez que se respetara el reglamento, que ha sido instrumento del abuso. Por tanto, iba a ser positiva para la democracia, que es un inacabable aprendizaje de convivencia, una garantía para los derechos, iba a facilitar el saneamiento efectivo de la corrupción… iba a limitar la impunidad especial mente la mas peligrosa que es la del poder absoluto. Asegurar el equilibrio real de poderes, que podía transformar el juego con todas sus reglas. Uno se pregunta –después- como es posible que dejemos que esto nos pase una y otra vez. Y queda tentado a preguntarse ¿Qué cosa habríamos perdido si hubiéramos rechazado la injerencia?  ¿Insistido en el derecho soberano? Y se repregunta también, uno de curioso. ¿Por que los gringos nunca prevén, no entienden, siempre fallan así? Allá, muchas veces y desde hace tiempo, numerosas administraciones han gobernado con congresos divididos y controlados por opositores. ¿Por que aquí no se puede? ¿Somos inferiores, los de las castas mezcladas? ¿Menos racionales que el polaco o el anglosajón? ¿Menos racionales qué Donald Trump y seguidores?

El 25 de octubre de 2016, 18:54, Rodolfo Pastor <rpastorf@gmail.com> escribió:
 Y uno se pregunta primero ¿por qué se sometieron los liberales?  No tenía ninguna legitimidad la exigencia, ninguna lógica. Eran una minoría los cachos. La democracia se rige con mayorías. El consenso funcional era cuestión de madurez. La misma oposición tendría que madurar para cogobernar el parlamento. La directiva opositora en El Congreso iba a ser -ella misma- una escuela, iba a conseguir por primera vez que se respetara el reglamento, que ha sido instrumento del abuso. Por tanto, iba a ser positiva para la democracia, que es un inacabable aprendizaje de convivencia, una garantía para los derechos, iba a facilitar el saneamiento efectivo de la corrupción… iba a limitar la impunidad especial mente la más peligrosa que es la del poder absoluto. Asegurar el equilibrio real de poderes, que podía transformar el juego con todas sus reglas. Uno se pregunta –después- como es posible que dejemos que esto nos pase una y otra vez. Y queda tentado a preguntarse ¿Qué cosa habríamos perdido si hubiéramos rechazado la injerencia?  ¿Insistido en el derecho soberano? Y se repregunta también, uno de curioso. ¿Por qué los gringos nunca prevén, no entienden, siempre fallan así? Allá, muchas veces y desde hace tiempo, numerosas administraciones han gobernado con congresos divididos y controlados por opositores. ¿Por qué aquí no se puede? ¿Somos inferiores, los de las castas mezcladas? ¿Menos racionales que el polaco o el anglosajón? ¿Menos racionales qué Donald Trump y seguidores? 
http://criterio.hn/2016/10/26/otra-historia-injerencia-malhadada-lisa-memoria/

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