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lunes, 26 de septiembre de 2016

USA: Rebelión sioux contra la 'serpiente' del oleoducto:

 
EE.UU. vive su mayor reunión indígena desde 1876.                     Indígenas de la Gran Nación Sioux recibieron apoyo de otros pueblos originarios y forzaron la revisión de los permisos para la construcción de oleoducto que amenaza su agua y territorio sagrado.
La construcción de un oleoducto que pasaría por cuatro Estados, además de por el río Missouri y sitios sagrados como el Standing Rock Sioux, detonó la convergencia de pueblos originarios más grande en Estados Unidos desde hace más de un siglo.

Tras semanas de intensas protestas que se suceden desde la primavera, los defensores del territorio Sioux y sus aliados atrajeron los reflectores de todo el mundo y, finalmente, lograron que diversas instancias del Gobierno estadounidense revisaran los permisos otorgados para la construcción del proyecto Dakota Access (a cargo de Energy Transfer Partners) valorado en 3.800 millones de dólares, de una extensión de 1.931 kilómetros y que podría acarrear 470.000 barriles por día de petróleo. 

Lucy Nicholson Reuters
Esta es la primera vez que la Gran Nación Sioux (Očhéthi akówiŋ, como se llaman ellos mismos) se reúne para emprender una acción coordinada desde que en 1876 los Siete Consejos del Fuego se aliaron para combatir en la batalla de Little Bighorn, considerada una de las grandes derrotas sufridas por el Ejército estadounidense en las guerras contra los pueblos indígenas durante el siglo XIX.
Como recuerda una columna de opinión de Telesur titulada 'La resistencia en contra del gasoducto Dakota puede comenzar algo más grande', a partir de la firma del Tratado del Fuerte Laramie en 1868 se creó la Gran Reserva Sioux que tendría casi el tamaño del Reino Unido.
Este tratado le garantizó a los indígenas el disfrute de las aguas que nacieran en el territorio. Sin embargo, la columna destaca que, a mediados del siglo pasado, el Gobierno estadounidense instaló represas en el río en territorio indígena afectando a 23 pueblos y desplazando a 1.000 indígenas americanos.
Sin embargo, esta convergencia de 2016 es más grande que aquella en la que la Gran Nación Sioux enfrentó al Ejército estadounidense, pues no solo incluye a los pueblos Dakota, Lakota y Nakota.
Lucy NicholsonReuters
Al menos 80 naciones de Estados Unidos, además de representantes de pueblos indígenas de países como Perú, Honduras, Colombia, Canadá y México, han pasado por el campamento del sitio Sacred Stone.
El campamento fue convocado a iniciativa de un grupo de mujeres y jóvenes que comenzaron a orar en el lugar sagrado que peligra ante el paso del oleoducto, del que tienen conocimiento desde el 2014. La protesta Dakota, integrada ya por miles de personas, no solo involucra a pueblos originarios. Artistas como Leonardo Di Caprio y movimientos como Black Lives Matter, como muestra este artículo del sitio Fusion, han mostrado su apoyo a los pueblos reunidos en Sacred Stone.
Leonardo DiCaprio Retweetade NRDC
Inspired by the Standing Rock Sioux’s efforts to halt the Dakota Access Pipeline.
Leonardo DiCaprio lade till
NRDC @NRDC
Native American protesters are standing up against the four-state Dakota Access Pipeline Project: http://on.nrdc.org/2bAGwxq  via @HuffPostGreen
Mario Luna, vocero tradicional de la Tribu Yaqui de México, viajó al lugar de los hechos debido a una controversia que afecta tanto a los yaquis como a los Dakota: el derecho al agua.
Los yaquis luchan para la cancelación del Acueducto Independencia, un tubo de 135 kilómetros de largo inaugurado en 2010 que desvía agua del Río Yaqui para suministrarla a corporaciones a lo largo del Estado fronterizo de Sonora.
"La misma gente con la que estuve estaba sorprendida de la cantidad de delegaciones que arribaban al lugar", cuenta Luna a RT.
"El grueso de las siete mil personas eran nativos americanos. Conté 200 banderas de las delegaciones presentes", relata el yaqui.
Luna asevera que la euforia de la convocatoria fue tal que los medios de comunicación reprodujeron una victoria que, sin embargo, es parcial.
El medio alternativo estadounidense Democracy Now, cuya periodista Amy Goodman fue objeto de una orden de arresto mientras cubría las protestas, informó que instancias del Gobierno Federal como el Ejército, el Departamento de Justicia y el Departamento del Interior, anunciaron que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense no daría más permisos para que Dakota Access perfore la tierra bajo el río Missouri en tanto que el Cuerpo de Ingenieros termine de revisar los permisos dados el 26 de julio de este año. Es decir, el Gobierno estadounidense no detuvo la obra, sino que solo instó a la empresa a detener voluntariamente la construcción del oleoducto en 32 kilómetros al este y al oeste de la represa Oahe.
"Los compañeros del Dakota siguen haciendo el llamado y dando la voz de alerta porque hay varias incursiones en las que la maquinaria intenta continuar con las obras", denuncia el indígena yaqui.

Protectores, no manifestantes

La primera respuesta del Gobierno de Dakota del Norte y de la Policía fue proteger a la empresa constructora. Más de 20 personas fueron arrestadas después de un choque registrado el fin de semana del Día del Trabajo estadounidense, los días 3 y 4 de septiembre, cuando guardias de seguridad soltaron perros de ataque y lanzaron gas pimienta sobre los opositores al oleoducto.
Energy Transfer Parterns amenazó con emprender más acciones legales contra los defensores del territorio bajo el motivo de que amenazaban la seguridad energética de EE.UU.
"Esta lucha histórica está uniendo a los Očhéthi akówiŋ como nada lo hizo antes […] desde todo el país las tribus nos dan cobijo, comida y, lo más importante, gente que ora". Este testimonio de un joven llamado Iyuskin American Horse, recogido por 'The Guardian', muestra que, pese a la represión gubernamental, el apoyo al pueblo Dakota no mengua. "Nuestros viejos nos dijeron que si Zuzeca sape, la serpiente negra, cruzara por nuestra tierra, nuestro mundo se acabaría. Zuzeca vino en la forma del oleoducto, así que debemos luchar", dice el joven en el reportaje.
FULL Exclusive Report: Dakota Access Pipeline Co. Attacks Native Americans with Dogs & Pepper Spray
Democracy Now! https://youtu.be/VADcWANqBp8

El diario 'The New York Times' publicó el 24 de agosto una cabeza de nota que molestó a los pueblos originarios. Ante la publicación de la crónica 'Ocupar el prado', los indígenas contestaron en el sitio CommonDreams que ellos siempre han ocupado el lugar y recalcaron: "no somos manifestantes, somos protectores del agua".
En el texto, firmado por líderes y ancianos del Campamento en Sacred Stone, insisten en que, según diversos tratados, se les debe dar un trato de nación a nación.
También aclararon que su lucha no es solo por el derecho al agua de la Gran Nación Sioux: "Oramos por el agua usada por agricultores en Iowa e Illinois, el agua consumida por niños de las escuelas en Dakota del Sur, Missouri, Tennessee y Arkansas".
"Millones de americanos toman el agua que viene de este sistema de ríos", agregan.

El agua y las otras rehivindicaciones

El movimiento opositor al oleoducto en territorio indígena convocó  dos Semanas de Solidaridad Global que transcurrieron del 3 al 17 de septiembre. Con estas actividades buscaron colocar el tema del derecho al agua no solo en relación a los indígenas estadounidenses, sino en relación a todo el mundo.
"Debemos enfocarnos en lo común, en lo que nos conecta a todos en el mundo. Y eso es el agua", dijo la indígena Krystal Two Bulls al medio Real News el pasado 2 de septiembre.
Tell @POTUS to revoke the Dakota Access Pipeline permits! #NoDAPL http://bit.ly/2cJRuRJ 
                                    


Mario Luna opina que la lucha contra el oleoducto detonó otras reivindicaciones de los pueblos originarios norteamericanos, como su derecho a la consulta, una ley especial para ellos en Estados Unidos, o el reclamo de otras afectaciones como el derrame vertido por Gold King Mine a un río que afectó a 2.000 integrantes del pueblo Navajo.
También recordó que el 60% de la población Dakota se dedica a la pesca del salmón en el río Missouri, por lo que no sólo se verí afectado el derecho de los pueblos a su territorio, sino todo su sistema de substistencia.
                                          
Lucy NicholsonReuters
"Coincidimos en la preocupación por el agua. El hecho de que el oleoducto pase debajo de ese río, con todo y avances tecnológicos, puede causar accidentes", dijo. Y adelantó: "el pueblo yaqui estuvo con el presidente de la nación Dakota y quedamos en volver".
Aldabi Olvera


Standing Rock, la última batalla de los sioux

De RESUMEN DE CHILE (Concepción)

21 septiembre 2016
Los pueblos de una reserva sioux de Dakota del Norte, apoyados por miles de personas, se enfrentan a la construcción de un oleoducto que afectará a sus tierras y lugares sagrados.
Por Dani Farrús / Diagonal
En la Reserva Sioux de Standing Rock (Dakota del Norte, Estados Unidos) se está llevando a cabo una movilización sin precedentes para oponerse a las obras de construcción del oleoducto Dakota Access. Movilización que lleva ya seis meses; con miles de acampados, cientos de naciones tribales trabajando juntas y decenas de detenidos.
La construcción del oleoducto tiene un presupuesto de 3.700 millones de dólares y, cuando se termine, está previsto que cubra una distancia de cerca de 2.000 kilómetros, cruzando cuatro Estados (Dakota del Norte, Dakota del Sur, Iowa e Illinois), y que transporte 470.000 barriles de petróleo crudo al día. En principio, el oleoducto tenía que pasar por la ciudad de Bismark (capital de Dakota del Norte), pero, aunque la empresa que lleva a cabo el proyecto asegura que es muy seguro y no hay peligro de accidentes o pérdidas, decidieron cambiar la ruta para evitar una zona tan habitada.
El nuevo recorrido pasa por el límite de la Reserva Sioux de Standing Rock y por debajo del río Missouri, su principal fuente de agua potable, por lo que el oleoducto pone en peligro sus tierras y su forma de vida: un accidente afectaría el agua que utilizan para beber, regar los cultivos, alimentar el ganado, pescar… Y contaminaría sus tierras. Además, aseguran que con la construcción se verán afectados y se destruirán lugares sagrados y cementerios tribales.

Proteger la tierra

“Este lugar es mi tierra, donde está mi casa, mis sitios sagrados e históricos, mi cementerio familiar, mi pueblo, mis lugares de ceremonias, la fuente de toda mi agua potable. Al lado del río están enterrados mis antepasados y mi hijo. Si ellos destruyeran la tumba de tu hijo, ¿tú no lucharías?” Son las palabras de LaDonna Brave Bull Allard, de la Reserva de Standing Rock, y cuyas tierras son las más cercanas al oleoducto. Ella fue la persona que lanzó, en las redes sociales, el primer llamamiento de ayuda.
Y la ayuda y la solidaridad llegaron, desbordando todos los pronósticos; convirtiendo esta lucha en un tema de interés a nivel internacional. Una difusión a la que han ayudado personajes públicos como la actriz Shailene Woodley (protagonista de la saga Divergente), que ha estado en la primera línea de las protestas contra las obras. El actor Leonardo Dicaprio mostró en Twitter su solidaridad con los sioux en su lucha por sus tierras y su agua. Y el senador Bernie Sanders, que participó en una protesta en contra del oleoducto en frente de la Casa Blanca y manifestó que “el Dakota Access Pipeline tiene que pararse. Se tienen que respetar los derechos de los nativos americanos. Y tenemos que transformar nuestros sistemas de energía, alejándonos de los combustibles fósiles”. Posición que también defiende la histórica activista y escritora Winona Laduke, que ha acudido a la zona. “Podemos pasarnos toda la vida luchando contra un oleoducto tras otro y tras otro, pero alguien tiene que enfrentarse al problema de verdad. Ya es hora de dejar atrás los combustibles fósiles”.
Y del primer campamento, establecido el 1 de abril en el Oceti Sakowin Camp de Cannonball, a los cuatro campamentos que hay en la actualidad, donde ya se cuentan más de 8.000 personas. Y sumando.“Es increíble la unidad entre toda la gente que ha venido, de todas las naciones tribales, de grupos ecologistas, aliados no-nativos, gente de otros países…”, comenta LaDonna, emocionada por la respuesta recibida. Muchos de ellos han viajado miles de kilómetros: hay miembros de cientos de naciones tribales de Estados Unidos, gente de pueblos de Latinoamérica, y hasta hay una representación de activistas hawaianos que han cruzado el Pacífico para estar al lado de los protectores, como la cantante Hawane Rios y su madre, la líder espiritual y cultural Pua Case.
Al lado de los carteles con las frases más reivindicadas –“Mni Wiconi” (el agua es vida, en idioma dakota/lakota/nakota) y “Somos protectores, no manifestantes”– ondea la bandera de las barras y estrellas al revés, en señal de sufrimiento y protesta, y los cientos de estandartes de las diferentes naciones tribales. “Las tribus están uniéndose y trabajando juntas, incluso algunas que han sido enemigas hasta ahora. Es histórico”. Comenta la activista Malia Hulleman, que hace semanas que está en el campamento, y que fue arrestada por protestar en la zona de las obras. “La gente está viviendo de forma comunal, y ¡funciona! Aquí, el dinero y las cosas materiales no se necesitan”. Unos campamentos donde se vive en comunidad, organizando la comida que llega de donaciones, con una escuela y actividades para los niños, donde se celebran ceremonias religiosas tradicionales, asambleas, talleres, conciertos…

Pueblos ignorados

La empresa que lleva a cabo el proyecto, la texana Energy Transfer Crude Oil Company, LLC, asegura que los oleoductos son la forma más segura de transportar el petróleo, y que el proyecto supera con creces todas las regulaciones de seguridad y de medio ambiente, por lo que consideran como infundadas todas las preocupaciones.
Pero son muchas las voces que ponen en duda la idoneidad de los oleoductos, y a los datos se remiten: desde 1995 ha habido más de 2.000 accidentes importantes en tuberías de petróleo y gas, todos ellos con efectos devastadores. Y, sin ir más lejos, este mismo mes de septiembre, en el Estado de Alabama, se derramó más de un millón de litros de gasolina. A la vista de lo cual Malia Hulleman considera que “la pregunta no es si la tubería se romperá, la pregunta es: cuándo pasará. Y lo peor es que las compañías lo saben; si no, ¿por qué cambiaron el recorrido de Bismark a Cannonball?”
Y en cuanto a las alegaciones de la posible destrucción de cementerios y sitios sagrados, la empresa afirma que hay múltiples estudios arqueológicos que demuestran que no hay sitios importantes afectados.
Otro hecho que indigna a los nativos americanos es que, otra vez, se han tomado todas las decisiones sin consultar a la nación que allí reside, ignorando los tratados con las naciones indias y las normas internacionales. Y así lo ha indicado recientemente el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas, que considera que se está violando el artículo 19 de la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas, que reza que “los Estados celebrarán consultas y cooperarán de buena fe con los pueblos indígenas interesados por medio de sus instituciones representativas antes de adoptar y aplicar medidas legislativas o administrativas que los afecten, a fin de obtener su consentimiento libre, previo e informado”.
Y las acciones de solidaridad y protestas siguen. Desde concentraciones en lugares del mundo tan alejados como Japón, Australia o Francia, a grupos de corredores que han recorrido cerca de 3.000 kilómetros hasta Washington DC para entregar 160.000 firmas al Gobierno, o marchas de cientos de nativos a caballo.
En la primera línea del frente, en la zona de las obras, las protestas se han llevado a cabo de forma pacífica: sentadas para no permitir el paso de camiones y máquinas excavadoras, activistas encadenados a estas máquinas… La respuesta de la policía y los guardias de seguridad que vigilan que las obras se puedan llevar a cabo no ha sido tan pacífica y, de momento, han utilizado perros, dejando varias personas heridas, y gas pimienta. Y, en las últimas semanas, se ha arrestado a varias decenas de activistas.
La acciones legales de la tribu han conseguido que, el pasado 16 de septiembre, un tribunal de apelaciones ordenase parar las obras temporalmente, mientras se valoran las reclamaciones de los sioux de la reserva respecto a que el proyecto puede dañar tierra sagrada. Y, aunque en el momento se consideró como una victoria, fuentes del lugar aseguran que las obras continúan en algunos puntos. Y, además, se es consciente de que queda mucho trabajo para ganar la batalla. “La tribu sioux de Standing Rock continuará explorando todas las opciones legales, legislativas y administrativas para parar la construcción del oleoducto Dakota Access”, asegura David Archambault II, jefe de la tribu. En Standing Rock todos lo tienen claro: “No descansaremos hasta que nuestras tierras, nuestra gente, el agua y los sitios sagrados estén permanentemente protegidos.”
Fuente:
https://www.diagonalperiodico.net/global/31529-standing-rock-la-ultima-batalla-sioux.html


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