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domingo, 7 de agosto de 2016

GUILLERMO ANDERSON UN ÍCONO DE LA IDENTIDAD HONDUREÑA

Galel Cárdenas Amador
La Comisión de Cultura LIBRE ante el deceso de nuestro cantautor Guillermo Anderson  (1962-2016) envía a sus familiares su más sentido pésame y las  nuestras muestras de solidaridad por el deceso  de tan extraordinario músico, que poseía un talento especial, cultivado a lo largo de su vida de estudioso de la identidad nacional, de la literatura y de la música como expresión estética  de los sentimientos de amor por nuestra patria.
Es imprescindible anotar que la formación literaria de Guillermo Anderson lo condujo a realizar la más connotada producción musical siguiendo las pautas de la poesía popular.
Esa formación fue asumida  en Estados Unidos al obtener en la Universidad de California en la Ciudad de Santa Cruz, el título de licenciado en Letras con énfasis en literatura hispanoamericana (1986), al tiempo que realizó estudios de teatro y música.

Ejecutó los oficios de actor, músico y compositor. Poseedor de una energía impresionante, al regresar a Honduras, en 1987, hubo de montar un espectáculo donde combinó cuatro  disciplinas artísticas como son la danza, el teatro, la música y la literatura (su especialidad académica), la obra se denominó Sabor a Sombra basada en la poesía del magnífico poeta ceibeño Nelson Merren.

Del algún modo también ejerció la profesión de antropólogo de manera empírica, pero sobre la base de un estudio y  conocimiento científico que lo llevó    a investigar  y usar los instrumentos musicales de las etnias indígenas y garífunas, sus ritmos, la música caribeña popular, y como también  debió ser natural, los usos y costumbres de la ciudadanía hondureña, la costeña, la rural y la citadina.

Por ello empleó la guitarra, el acordeón, las maracas, los tambores garífunas, y una serie de elementos instrumentales étnicos. Viajó constantemente a diferentes zonas de población garífuna, misquita, lenca, chortí, o pech, con el ánimo de percibir el alma recóndita de sus visiones indentitarias étnicas. Es así como introduce en su música la parranda y la punta garífuna.

Fue tanto su entusiasmo por las características culturales de Honduras, que nunca descansó de trabajar, estudiar, componer, montar espectáculos, asistir a seminarios antropológicos, musicales  o simplemente antropológicos.
De algún modo captó la psicología cultural del pueblo hondureño, sus tradiciones y sus costumbres que tuvo la genialidad particular de introducirlas en sus célebres canciones y ritmos  melodiosos.

Cantautor de trascendencia continental participó en los más diversos escenarios nacionales, centroamericanos, latinoamericanos, europeos y asiáticos.
Lanzó numerosos álbumes como Encarguitos del Caribe, Costa y Calor, Pobre marinero, El tesoro que tenés, Desde el fondo del mar, Mujer canción mujer, Del tiempo y del trópico, Para los chiquitos, Canciones para un país mejor, Lluvia con sol, etc.
Recibió numerosos premios, de los cuales habrá que destacar la orden Laurel de oro del Ministerio de Cultura.

Fue un apasionado y vehemente intelectual de la música, la cultura, la literatura y la antropología,  su legado artístico es incalculable y las generaciones jóvenes deberán repasar su historia humana, artística, su producción intelectual y su amor descomunal por un país como el de Honduras, sumido hoy en una crisis general, en donde la gobernanza actual mantiene a la nación en estado de verdadera postración.



La Comisión de Cultura LIBRE del Partido Libertad y Refundación se siente conmovida por este deceso que llena de luto a la nación, a Centroamérica, al continente y al resto del mundo de las artes musicales y de las investigaciones sociales y antropológicas.

Descanse en paz este guerrero invencible de la música patriótica popular.

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