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martes, 16 de agosto de 2016

Amenaza a la democracia. La derecha brasileña aprendió con golpes en Honduras y Paraguay, evalúan militantes

Debate en Brasília relaciona el impeachment de Dilma con los golpes ocurridos en América Latina
São Paulo (SP), 16 de Agosto de 2016 às 15:20
“Existe una ofensiva norteamericana sobre la región", dice la militante Carla Bueno, de Consulta Popular / Reproducción/Resumen Latinoamericano
El hondureño Manuel Zelaya fue depuesto por militares en el 2009. Fernando Lugo, presidente de Paraguay, fue apartado tras un proceso que duró menos de 48 horas. Para militantes de esos países, uno de los elementos del impeachment de la presidenta Dilma Rousseff fue el aprendizaje de la derecha brasileña con esas experiencia recientes en América Latina.

Para analizar la relación entre esos procesos, ocurrió el debate Golpe en América Latina: análisis de la coyuntura desde Honduras, Paraguay y Brasil, el lunes pasado (15). El evento organizado por la Rede de Información y Acción por el Derecho a Alimentarse (Fian) ocurrió en Brasília, en el auditorio de la Central Única de los Trabajadores, y participaron de la discusión representantes de cada país.

Honduras
Según el hondureño Marlon Ochoa, miembro del Partido Libertad y Refundación (Libre), el golpe contra Zelaya fue el último en la región en contar con participación militar.

“El caso hondureño fue el último golpe, en América Latina, en el cual las fuerzas de seguridad desempeñaron un papel fundamental”, dijo. “No hubo un proceso de juicio político. En la disputa ideológica y cultural, los golpistas perdieron en Honduras. Fue un golpe a la antigua, y, con proceso de resistencia, hubo una movilización popular considerable e impresionante. La derecha latinoamericana aprendió mucho con el proceso hondureño”.

El método de deposición de Zelaya dejó evidente la violación del proceso democrático. “El golpe en Honduras fue mal ejecutado, fue motivo de unidad [inmediata de la izquierda], nos permitió abrir un diálogo con la población. Siete años después del golpe, la consecuencia fue el surgimiento de un partido político de izquierda con capacidad de triunfar electoralmente. En las elecciones de 2013, marcadas por denuncias de fraude, Libre consiguió el 30% de los votos, mientras el partido en el poder obtuvo el 34%”, apuntó.

La experiencia de Honduras sirvió, por lo tanto, como punto de partida para el perfeccionamiento de la derecha en la desestabilización de gobiernos de izquierda y centro-izquierda en la región.
“A partir de Honduras, los golpes en América Latina trataron de cuidar más su forma. Pero, en el fondo, continúan siendo una reconfiguración del poder representado en el Estado. Hay actores económicos fundamentales por detrás de esos procesos”, afirmó Ochoa.

Paraguay
El proceso paraguayo, aunque turbulento, sirvió como el primer experimento, en América Latina, de deposición a través de actuaciones parlamentares.
“Paraguay, infelizmente, tal vez haya sido el primer laboratorio de ese tipo de golpe más sofisticado. 

Aprendieron que hacerlo muy rápido puede crear reacciones regionales. En Brasil, lo hicieron de tal forma a dar un carácter de legalidad. Fueron perfeccionando”, dice Jorge Giménez, educador popular paraguayo.
“Es un nuevo formato de golpe. Con excepción de Honduras, no hay más golpe clásico como en los años 70 y 80, con la deposición vía insurrección militar”, complementó.
Giménez ve semejanzas profundas entre el caso brasileño y el paraguayo. “Son completamente similares. 

¿Dónde esta la semejanza? No en la temporalidad, porque en Paraguay se resolvió en dos días. El paralelo es que no son necesarios argumentos razonables, están primero acusando para después buscar una justificativa, y todas las razones son absolutamente insuficientes. Es formalmente más sofisticado, pero con el mismo contenido. El origen y el método son exactamente los mismos. Es el mismo que quieren hacer en Venezuela, es un proceso más amplio en América Latina”.

“La cuestión fundamental es: no hay ninguna razón jurídica suficiente para sacar a un presidente electo por el voto popular, pero un conjunto de elementos creados, aliado al hecho de que él no tenia mayoría en el Congreso. Es exactamente eso que ocurre en Brasil”, finalizó.

Semejanzas y diferencias
El grado de sofisticación alcanzado en el proceso brasileño generó dificultades en la articulación de resistencia. “Hay sectores de la población [brasileña] que acredita que hubo ilegalidad en el gobierno de Dilma”, afirmó Ochoa.

A pesar de eso, todos los procesos guardaron un semejanza en relación a los atores que impulsaron tales procesos. Además de sectores locales de poder económico, los militantes apuntaron la injerencia norteamericana en la región como elemento común.

“En Estados con mayor debilidad institucional, como Honduras, es más palpable y claro, pero el imperialismo también actúa en el proceso brasileño. Los Estados Unidos no modificaron su postura, América Latina sigue siendo un polo antiimperialista, y él continua impulsando procesos de desestabilización”, afirmó el hondureño, para quien el golpe en su país no habría sido posible sin la vinculación estadounidense.

“Existe una ofensiva norteamericana sobre la región, lo que algunos llaman de ‘revolución colorida', un estímulo a guerras no convencionales, donde el elemento central es la disputa de hegemonía ideológica. Esa ropa más legalista es más apretada”, indica Carla Bueno, militante de Consulta Popular y también participante del debate.

Para ella, la particularidad de la cuestión brasileña reside justamente en la tentativa de mantener la apariencia de legalidad. “La actuación del Judicial es algo bien particular, así como de la Rede Globo. El mayor ejemplo [de especificidad] fue el gran empresariado, que fue el fiel de la balanza: tenia una alianza con el PT y mudó de lado”, evaluó Bueno.

La articulación de los sectores de izquierda ocurrida en Honduras, según ella, es algo que puede ocurrir en Brasil, siendo un legado a ser aprovechado.

“En ese período, la izquierda, en especial la juventud, vivencia un proceso muy fuerte de movilización, de retomada de las calles como escenario de lucha. Es una gran conquista a pesar de todos los percances. El tiempo va a permitirnos evaluar mejor, pero los procesos de unidad deben ser forjados, con mucha dificultad, especialmente dentro del Frente Brasil Popular, donde se puede fortalecer una vanguardia para un nuevo ciclo político”, concluyó.
*Traducción: María Julia Giménez

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